Make your own free website on Tripod.com

smt.jpg

Puros chiles (la invasión china)
Home
¿Show business?
¿y Wellington?
Presidentes muertos
Al otro lado del río
A la maestra ¿con cariño?
Un tal Hugo
Se equivocó Calderón
Puros chiles (la invasión china)
El día después de Katrina
¡Shalom! (paz)
El quinto elemento
La píldora
Terrorismo, la disyuntiva
Las "vivas" de Juarez
Inhala, las causas del narcotrafico
Tan cerca y tan lejos
Cena de negros
Pleito de Droguerías
¿Club Eutanasia?
La marcha que se viene
El arma mas poderosa de Estados Unidos
Auschwitz, 60 años despues
Tragicomedia Zapatista
Si yo fuera diputado
pais de cinicos
año nuevo, ¿vida nueva?
ASCO (linchamiento en Tlahuac)
Gano Bush
¿porque NO debe ganar el PRD en el 2006?
2 de Octubre (si se olvida)
No nos equivoquemos
El deforme de gobierno
año nuevo, ¿vida nueva?
Bravo! Fox
Le pondremos Jorge al niño
Las puertas del infierno
Zapatero a tus zapatos
Terrorismo
Lente loco
Hollywood no lo hubiera hecho mejor
No nos ayudes compadre
Intelectuales
Los motivos del peje
El fin y los medios
Se acabaron los 90´s

Puros Chiles

Por: Lic. Gerardo Enrique Garibay Camarena

06/10/05

 

Hace unos días el periódico Reforma realizó un pequeño sondeo donde 3 personas probaron salsas elaboradas con chiles secos mexicanos y chinos, el resultado fue que 2 de ellas consideraron que los chiles chinos daban como resultado mejores productos que los mexicanos, con mejor consistencia, sabor y olor; desmintiendo en forma práctica la afirmación realizada por algunos diputados en el sentido de que los vegetales asiáticos eran de baja calidad.

 

El hecho no pasaría de ser una mera curiosidad anecdótica si no fuera porque es una muestra clara de un síntoma que se repite por cientos en diversos campos de la economía. De las artesanías a las hortalizas, del calzado a las televisiones, México cede cada vez más terreno ante el gigante de oriente.

 

Volvamos al ejemplo de los chiles, es entre preocupante y patético que un kilo de chiles secos sembrados del otro lado del mundo, transportado a través de miles de kilómetros y que ha pasado por aduana cueste un 20% menos que la misma cantidad de producto nacional, elaborado a unas pocas horas de distancia.

 

China se nos viene encima, y lo peor es que ni en el ámbito político ni en el empresarial se ve que se estén tomando las medidas pertinentes para resistir al embate de una nación que está produciendo los mismos productos que nosotros a un precio mucho menor y con un nivel de calidad bastante similar.

 

En el aspecto político los partidos de oposición parecen estar dispuestos a que el país se caiga a pedazos antes que aprobar las reformas estructurales propuestas por el Presidente Fox, o tan siquiera hacer sus propias iniciativas, mientras que los empresarios en muchos casos se ven incapaces de innovar y buscar alternativas que logren elevar la calidad, aumentar la variedad o reducir el costo de sus productos. Parece que tanto los políticos como los empresarios le apuestan a detener la invasión China unicamente a base de combatir el contrabando, en lo que se muestra ya como una batalla perdida, pues los resultados obtenidos con esta estrategia han sido discretos, a decir lo más.

 

Si el mejor argumento del que se puede echar mano para promover el consumo de nuestros productos es el que “son hechos en México” podemos tristemente afirmar que nuestra economía esta en muy serio peligro de quedar obsoleta y ser superada por la continua marea de la globalización que nos acerca cada vez más a un mayor espectro de opciones que luchan entre si por ofrecer mejor precio y calidad al cliente.

 

Debemos entender que la guerra con China es una guerra comercial y es en ese terreno, no en el policial, donde debemos pelearla y ganarla, ¿se debe dejar de combatir el contrabando? Por supuesto que no, pero fincar las esperanzas del futuro de nuestra industria en este solo punto es condenarnos a la frustración... y a la quiebra.

 

El problema ya está aquí y tenemos dos opciones. O tratamos de modernizar nuestra legislación y nuestra oferta de productos, o nos quedamos quejándonos del contrabando y perdemos empleos, inversiones y desarrollo. O trabajamos en serio para superar la invasión oriental y aprovechar las oportunidades que de ella emanan o nos quedamos como el chinito: nomás milando... y con puros chiles.